Alpujarra almeriense

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Listado de Municipios

Geografía e Historia

Al amparo de Sierra Nevada, con sus pequeños pueblos blancos moteando el paisaje, se extiende la Alpujarra almeriense, la tierra que los moriscos abandonaron sólo bajo la imposición de las armas. El río Andarax, arteria principal de la comarca, forma un fértil valle donde crecen huertas y parrales, contrastando con las faldas agrestes de la Sierra de Gádor. Una variedad cromática que se acentúa cuando florecen los almendros y cerezos, tiñendo el paisaje de bellos colores. Sus pueblos se tienden en las laderas mirando al sur, como si percibieran la presencia del Mediterráneo en el horizonte. También los campos de cultivo trepan por las faldas de la montaña, formando bancales que hoy, como en los tiempos de Al-Ándalus, son regados por las acequias que conducen el agua de las frías cumbres de Sierra Nevada. El agua es un elemento clave de La Alpujarra, tierra bañada por los mismos ríos, fuentes y manantiales que enamoraron a los musulmanes hace más de mil años. Quizás sea su peculiar arquitectura, más parecida a la del norte de África que a la del resto de Andalucía, lo que hace de La Alpujarra un lugar tan especial. O quizá su paisaje, salpicado de almendros, parrales y árboles frutales, un auténtico vergel creado en medio de dos sierras. La Alpujarra es la sencillez hecha belleza, el encanto de una tierra de raíces ancestrales y de unas gentes que, sabiamente, han sabido transformar lo que la naturaleza les ha legado en todo un paraíso. El último refugio de los moriscos de Al-Ándalus ofrece hoy, en el siglo XXI, el encanto de un lugar único y el saber vivir de un pueblo, abierto y hospitalario, que sin duda es el patrimonio más valioso de la comarca.

Sierra de Gádor y municipios

Un paseo por la zona más oriental de La Alpujarra, desde las estribaciones de la Sierra de Gádor hasta las orillas del río Nacimiento. El recorrido parte de Alhama de Almería, población erigida como un mirador dominando el valle del río Andarax desde el agreste paisaje de la Sierra de Gádor, sólo interrumpido por el verdor de los parrales. Como su propio nombre indica, la presencia andalusí dejó una profunda huella en la zona; “alhammam” en árabe significa baños termales, los que aún se pueden contemplar en el Balneario de San Nicolás. En el Cerro de la Cruz se distinguen los restos de la fortaleza nazarí de Los Castillejos, conservándose también los restos del morabito musulmán de la Cruz de Arriba. De clara impronta musulmana es el urbanismo de la población, con sus estrechas calles y las casas de forma cúbica. Algo más al norte de Alhama se sitúan los pequeños pueblos de Alicún y Huécija, al pie de la Sierra de Gádor. Los cultivos escalonados, otra herencia del periodo andalusí, rodean a Alicún. Población agrícola de claro sabor morisco, aparece nombrada por el geógrafo del siglo XII al-Idrisi, cuando aún era un barrio de la vecina Huécija. De aspecto señorial, Huécija vivió un periodo floreciente en los siglos XVII y XVIII, al amparo de la feria ganadera que celebraba anualmente. Además de sus monumentos, conserva un peculiar sistema de irrigación a través de las calles. Donde confluyen los ríos Nacimiento y Andarax, ubicado en una fértil vega donde abundan los cultivos de parrales y frutales, aparece Alhabia. Antigua alquería musulmana, ya entonces se dedicaba a la agricultura, como los pueblos del entorno. Merecen una visita la Farmacia, fundada en 1871, y el Monumento a la Mujer del Farmacéutico Rural, las fuentes árabes y el Reloj de Sol situado en “las Cuatro Calles”, de unos trescientos años de antigüedad.

Almócita, con su blanca estampa enmarcada por la inmensa mole de Sierra Nevada, ofrece una de las mejores muestras de arquitectura popular alpujarreña. De no ser por su recia iglesia mudéjar, podría afirmarse que estamos en un pueblo musulmán, que conserva incluso la antigua Judería, en el Barrio Bajo. Los lavaderos y la plaza, con su fuente, incrementan el encanto que de por sí posee este pueblo. Un manto verde de huertas, parras y frutales nos guía hasta Beires, abierto como un balcón sobre el Valle del Andarax. Las casas, de tejados planos, se tienden en la ladera cubriendo la montaña con un hermoso manto blanco, destacando sobre todas ellas la iglesia de San Roque. Dentro del municipio, incluido en el Parque Natural de Sierra Nevada, pueden visitarse lugares como la Fuente del Nacimiento, un paraje abundante en agua y con instalaciones para comer, perfecto para pasar una jornada en plena naturaleza. De profundo sabor alpujarreño es también Ohanes, el primer Municipio Ecológico de Europa. Conocido por el cultivo de la variedad de uva a la que presta su nombre, infinidad de parrales rodean a este pueblo de casas encaladas y balcones floridos. Fue en el siglo XIX cuando la población traspasó fronteras, al exportarse la uva de Ohanes a Europa y América. Hoy Ohanes es un municipio preocupado por el medio ambiente, donde el visitante hallará desde restaurantes y alojamientos rurales hasta áreas recreativas en plena naturaleza, o rincones como la plaza del Altillo, mirador desde donde se divisa el valle del Andarax. Aunque sin duda su mayor atractivo es el propio pueblo, las casas trepando, al igual que lo hacen los cultivos en bancales, por la ladera de la sierra que lo acoge desde tiempo inmemorial.

Laujar de Andarax Es uno de los pueblos más bellos de la provincia: ubicado sobre el valle del río Andarax, al pie del cerro Almirez, disfruta de excelentes vistas de las cimas más altas de la Sierra de Gádor y de Sierra Nevada y se abre a un amplio valle lleno de matices. La localidad es la última residencia de El Zagal, el último rey moro de Almería, vencido por los Reyes Católicos en 1489. En Laujar es proclamado rey Aben Humeya durante la rebelión morisca, que es reprimida tras duras batallas y causa la expulsión parcial de sus habitantes. Capital de la Alpujarra almeriense, como homenaje a su pasado morisco, rinde culto al agua en las dieciséis fuentes que se reparten por el casco urbano y en las instalaciones que rodean el nacimiento del río. Municipio eminentemente agrícola a base del cultivo de la vid, completa su actividad económica con la industria cárnica que se desarrolla en la zona. En su patrimonio monumental cabe destacar la iglesia mudéjar de la Encarnación (siglo XVII), con un magnífico retablo barroco y algunas pinturas de la escuela holandesa. El Ayuntamiento, construido en 1792, consta de tres plantas de tres arcos cada una y está construido en ladrillo cocido, rematado por un frontón sobre el que se levanta una espadaña metálica. En los alrededores del casco urbano destacan parajes de gran belleza natural, como el ascenso al Pico del Chullo y las estribaciones de Sierra Nevada, remontando el curso del río Andarax. Celebra en septiembre sus fiestas patronales en honor de Nuestra Señora de la Salud, y otras fiestas, religiosas o populares, se reparten a lo largo del año: San Vicente, San Marcos, el Jueves Lardero y el carnaval.

Gastronomía y vinos

En su gastronomía, típicamente alpujarreña, destacan los embutidos de matanza casera, los guisos de liebre y el excelente vino de sus propios viñedos. Y es que, el Valle del Andarax, situado a una altitud de 900 metros en la meseta de la Alpujarra almeriense, es un lugar perfecto para el cultivo de la vid. En otros tiempos la zona era famosa por sus uvas de mesa tardías, que se exportaban por todo el mundo. Hoy en día, las parras que crecen en bancales sobre las empinadas laderas de los montes, son un ejemplo del recuerdo de aquella época.

Cuando hace casi 20 años la bodega Valle de Laujar comenzó a trabajar la tierra de Laujar de Andarax y prepararla para plantar la uva nadie imaginaba que este municipio acabaría albergando una importante feria para promocionar el vino producido en la comarca de la Alpujarra. Laujar de Andarax está ganando fama por sus vinos, que se elaboran no sólo con las uvas autóctonas sino también con variedades introducidas como la Cabernet Franc, Saugvinon Blanc, Syrah y Merlot. Para acompañar estos caldos nacidos en las cumbres, nada mejor que la variada gastronomía de este pueblo, en la que destacan las gachas, el choto al ajillo cabañil y el encebollado de matanza. Entre los dulces típicos y la repostería tradicional, los más característicos son: los roscos de sartén, los mantecados, los soplillos, los rosquillos de vino, los borrachillos, la leche frita, los pebetes de calabaza, los merengues y los buñuelos.


Referencias

Para más información, visite Andalupedia: http://www.andalupedia.es/p_termino_detalle.php?id_ter=271

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