Bernardo Martín del Rey

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Bernardo Martín del Rey (n. en Fondón, 1909 - Almería, 1954), escritor y poeta.

Biografía

Nació en el seno de una familia profundamente cristiana, lo que marcó su obra posterior.

Inició su vida poética en 1931, con Regina Mater, un canto a la Virgen María. Dos años después publicó su primer libro de versos Cuarzo Acuífero, y en 1934 representó en el Teatro Cervantes de Almería sus composiciones El sueño de Marieta y el cuento infantil Camelias y claves. En 1935 inició su faceta de colaborador con diferentes periódicos locales y de Suramérica . Encarcelado durante la Guerra Civil, en 1940 pasó a ser archivero y bibliotecario del Ayuntamiento de Almería, desde donde continuó su obra poética y dramática principalmente. De estos años destaca: Luna Zahar, Fuente Serena, Alkardar y Cuentos mudéjares, así como una Guía Ilustrada de Almería y su provincia.

Murió en Almerìa en 1954. Estuvo muy vinculado a la cultura oficial de posguerra, siendo conocido como Poeta de la Costa del Sol, y era protagonista de los círculos culturales y literarios de aquellos años, aunque de manera distinta y distante a la otra gran figura del momento, Celia Viñas, y especialmente enfrentado a Jesús de Perceval y su movimiento indalico.

De las notas recogidas, resalta, por encima de todo, la religiosidad y el recogimiento de sus escritos, que en algunos casos resultan estremecedores, como el dedicado al patrón de Fondón, San Sebastián, que se celebra el 20 de enero. Dos son las notas que Celia, lee, con una mezcla a la par, de pasión y dulzura. La primera en un fragmento de la poesía del santo:


El mártir

Bajo el añil de los cielos, bajo el fulgor de las llamas, allá entre lentos crepúsculos y lentas luces romanas, el Capitán Sebastián estas arengas lanzaba: ¡ Cristo es mi Dios! ¡Por su nombre aunque mi carne se quede en garfios despedazada, pregonaré que en la Cruz está la verdad clavada!

En Roma, el doncel cristiano, adalid de las batallas, abrió los cuatro Evangelios con su vibrante palabra. Y gentiles que lo oyeron, le denuncian, le delatan, le conducen hasta el juez de las milicias romanas...

(...) Y aún los herejes pretenden hacerle callar. Se ensañan en su vida generosa, en su sangre derramada. Prenden hoguera cruel, para abrasarle las plantas. Y al momento el fuego lame su sangre, su carne blanca, y entre humaredas y flechas, grito y mofa depiadada,el cuerpo de Sebastián -fuerte venero de ansias-se calcina y se consume lentamente

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