Historia de Paterna del Río

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El nombre de Paterna parece tener origen en un "fundus Paternum" o latifundio de un tal Paternus, aunque los restos de espadas íberas encontradas en las minas de la Gaviarra, hacen dudar de dicho origen. En una comarca abrupta como La Alpujarra, la introducción de los árabes tardó algunos siglos, siendo su población mozárabe (cristianos en territorio musulmán) muy importante en tiempos del Califato.

En el año 913, el joven califa Abd al-Rahman III tuvo que cruzar Sierra Sulaira (Sierra Nevada) por el Puerto de la Ragua para sofocar a un grupo de rebeldes que luchaban por la independencia de la comarca y se hicieron fuertes en el Castillo de Juviles.

A partir del siglo XI, La Alpujarra vuelve a tener un cierto protagonismo, debido a la importancia comercial que adquirió el nuevo Puerto de Almería: una buena parte de su territorio se siembra de moreras, compitiendo la seda alpujarreña con las mejores de Oriente. La mezcla cultural dará una identidad propia a La Alpujarra, con una riqueza proverbial única. El momento más fecundo será en los siglos XIV-XV, con una formidable producción de sedas, productos de huerta, vino, frutos secos, esencias aromáticas, ... que salen hacia el interior o al mar, en muchos casos como pago de impuestos de los reyes nazaríes a los castellanos.

El pasado musulmán realmente fue el que marcó definitivamente la personalidad de Paterna del Río: un hábitat de altura protegido por un pequeño castillo. El lugar se organizó en cuatro grandes barrios (Alcudia, Haratalguazil, Haratabenmuza y Haratalbolot) y, aunque independientes, tenían en común su organización, hecho que explica su denominación de «Las Paternas».

Con la caída de Granada en 1492 muchos andalusíes huyen a la Alpujarra, erigiéndose en refugio infranqueable y creando grupos de resistencia que cristalizaron bajo el mando de Aben Humeya.

Durante la rebelión de las Alpujarras, en febrero de 1569, tuvo lugar en Guarros la victoria del marqués de Mondéjar sobre 4.000 moriscos sublevados. Tras la derrota, Aben-Humeya huyó a Paterna, y, acorralado por las tropas reales, saltó a la sierra, dejando en el lugar a su mujer, madre y hermanas, que fueron capturadas de inmediato.

Las cruentas batallas tendrán fin en 1570, año en que Felipe II decretó la expulsión de los moriscos que vivían en estas tierras. Se produce entonces una despoblación casi total de esta comarca. Con el objeto de paliar los efectos económicos negativos, se inicia una repoblación y reparto de tierras con gentes del norte de la península (castellanos, gallegos, ...) hacia los siglos XVI-XVII

Una de las familias más importantes de las que repoblaron Paterna del Río fueron los Rodríguez- Chacón. Pronto extendieron su poder a las cercanas villas alpujarreñas de Fondón, Laujar, y Fuente Victoria, desde donde se ramificaron a las cercanas poblaciones de la costa. Su ascenso social culminó con dos títulos nobiliarios: marqueses de Iniza - en el siglo XVII-, concedido a don Francisco Rodríguez-Chacón y Arévalo, nombrado, también, regidor perpetuo de la villa y coronel de las Guardias Viejas de Castilla de la costa del Reino de Granada.

En el siglo XIX, a una rama de la familia asentada en Adra, se le concedió el título de condes de Chacón. Durante esta época se evidencia un gran cambio en todos los aspectos, como el descenso de la industria sedera, cultivos en retroceso, etc., produciéndose el desgaste ecológico y económico de la zona, con cultivos extensivos de cereales de manos de los nuevos colonos, adaptados a otros sistemas de cultivo agrícolas y ganaderos. A partir del siglo XVIII cada pueblo de la Alpujarra organiza de nuevo la red de bancales, restaurando antiguas acequias y albercas, consumiendo sus propias frutas y hortalizas, levantando molinos de harina, talando la madera, tejiendo, etc. En definitiva, una tendencia al autoabastecimiento y a la economía de subsistencia..

A principios del siglo XX se produce de nuevo "la fiebre por los metales" alpujarreños, siendo varias empresas extranjeras y nacionales las que vuelven a plagar de minas la comarca, como por ejemplo en la cuesta de la Gaviarra, aunque este esplendor duró pocos años, ya que para su extracción y proceso se necesitaban grandes cantidades de madera (no hay carbón), talando la práctica totalidad de los montes y una buena parte de Sierra Nevada, causando en unos pocos años más destrozo ecológico que en los tres mil años anteriores de minería.

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